Sasha Rose nació en una pequeña ciudad del norte de Alemania, aunque su familia se trasladó a Berlín cuando ella tenía apenas cinco años. Creció en un entorno multicultural, con una madre alemana y un padre de ascendencia rusa, lo que le permitió desarrollar un oído natural para los idiomas. Desde pequeña mostró interés por el arte y la expresión corporal, tomando clases de danza clásica y teatro durante su adolescencia. Su carácter curioso y disciplinado la llevó a destacar en el colegio, donde siempre fue la alumna que organizaba las obras escolares.
A los diecinueve años, mientras estudiaba diseño gráfico en una universidad berlinesa, Sasha Rose empezó a trabajar como modelo de fotografía artística. Fue en una de esas sesiones donde un director de casting notó su naturalidad frente a la cámara y su capacidad para transmitir emociones sin palabras. Tras varias conversaciones, aceptó una primera prueba en una producción independiente. Aquella experiencia, aunque breve, le abrió los ojos a una industria que combinaba su pasión por la interpretación con un entorno profesional que ella desconocía por completo.
Después de dos años compaginando estudios y trabajos esporádicos, Sasha Rose tomó la decisión de centrarse por completo en el cine para adultos. Según ha mencionado en entrevistas, lo hizo no solo por la libertad económica, sino porque encontró en ese medio una plataforma para explorar su sexualidad sin los prejuicios que sentía en su entorno académico. Su primera escena oficial fue grabada en Praga con un estudio europeo reconocido, y a partir de ahí la demanda creció rápidamente gracias a su estilo fresco y su habilidad para conectar con el espectador.
En los años siguientes, Sasha Rose trabajó con productoras de Alemania, España y Francia, lo que le permitió pulir su capacidad para actuar en distintos idiomas. Dominaba el inglés y el español conversacional, y aprendió frases clave en italiano y checo para sentirse más cómoda en los sets. Una de sus colaboraciones más recordadas fue con un director neerlandés que buscaba un enfoque documental en las escenas; Rose aceptó el reto y terminó participando en un proyecto que ganó reconocimiento en festivales de cine experimental. Este tipo de experiencias la llevaron a ser considerada una actriz versátil, capaz de adaptarse a formatos narrativos muy distintos.
A lo largo de su trayectoria, Sasha Rose ha recibido varias nominaciones a premios europeos de la industria, destacando especialmente en las categorías de mejor actriz revelación y mejor escena lésbica. En 2020, la revista alemana de entretenimiento para adultos la incluyó en su lista de las diez actrices más prometedoras del año. Aunque ella misma ha comentado que no presta mucha atención a los galardones, valora que esos reconocimientos le hayan abierto puertas para trabajar con equipos más profesionales y con mayor presupuesto.
Fuera de los sets, Sasha Rose mantiene una vida bastante discreta. Vive en un apartamento en las afueras de Berlín con dos gatos y una pequeña colección de plantas. En su tiempo libre practica yoga y ha empezado a escribir un blog personal sobre viajes y cultura local, aunque sin revelar su identidad profesional. Confiesa que lo más difícil de su trabajo ha sido gestionar los prejuicios de algunos familiares, pero con los años logró que respetaran su decisión. También ha participado en campañas de concientización sobre salud sexual en colaboración con ONGs alemanas, un aspecto que considera parte fundamental de su legado.
Actualmente, Sasha Rose compagina las grabaciones con proyectos propios de fotografía y diseño. Ha empezado a dirigir sus propias escenas bajo un seudónimo, buscando un enfoque más estético y menos comercial. En conversaciones recientes ha adelantado que le gustaría producir un cortometraje independiente que explore los límites entre la ficción y el documental. Aunque no planea retirarse pronto, sí ha reducido el ritmo de rodajes para dedicar más tiempo a su desarrollo personal y a nuevas formas de expresión artística fuera del cine para adultos.